Por supuesto, un segundo por favor – y no muy contento le di el teléfono al gerente y me quede en espera de lo que iba a suceder.

Hablaron por aproximadamente un minuto, o mejor dicho, el se dedico a escuchar un minuto, mientras que yo y el guardia estábamos a la expectativa de lo que sucedía. El gerente cono todo buen japonés se mantuvo inexpresivo y sus respuestas eran cortas y firmes, el unico momento que se movió fue cuando inspecciono el recibo. Una ves que el termino de hablar, me dio nuevamente el teléfono y lo tome.

!Buenoooo! – dije.

Señor Ceruya – dijo la japonesa – me informa el Señor Yamamoto que el encendedor no se encuentra en el ticket de compra que usted le dio. ¿Es ese el único ticket de compra que tiene usted?

Si, es el único – conteste.

¿Desea usted comprar el encendedor? – Pregunto.

(No muchas gracias señorita, solo quería saber que pasa si uno se robaba un encendedor y luego culpa a la cajera por no hacer su trabajo) Así es – Conteste.

¿Me puede comunicar nuevamente con el señor Yamamoto por favor? – pregunto.

Claro que si – Conteste y le entregué el teléfono al gerente.

Esta vez la platica fue corta y el gerente paso el encendedor por la caja, no recuerdo bien el precio. Al verlo yo saque una monedas y extendí la mano para entregarselas, cuando él comenzó a buscar algo. A señas me indico que esperara un segundo y busco entre los cajones de la caja y no encontró nada. Volteo a la caja de atrás y tampoco. Nuevamente me pidió que lo esperara y se retiro y entro a una puerta que estaba al lado de la que había salido originalmente. Mire al fiel guardián que seguía a mi lado buscando que me explicara que estaba sucediendo. El siguió con la mirada firme en mi y sin inmutarse.

Suspire y decidí esperar ya que mas daba. Una hora para llegar a la tienda y a este ritmo iba a ser otra hora para comprar el encendedor, pero eso si una atención muy personalizada – Estaba terminado de pensar esto cuando salió y del cuarto y camino hacia nosotros y estaba vez traía mas cosas en las manos. Del lado derecho se veía claramente el teléfono, pero lo que traía en su mano izquierdo no lo logre distinguir aun que no se veía como ninguna pistola pero no estaba muy tranquilo.

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