Cada vez que el prendía un cigarro, tocaba la bolsa de mi pantalón buscando los mios para tratarme de relajar. A media película note que mi vecino de asiento me miraba extrañado.

Terminando la película estaba bastante alterado por no poder fumar y decidí recurrir a uno de los placeres de la vida para relajarme, pedí una copa de vino tinto.  no creo que hubiera sido el vino más elegante del mundo, pero el primer trago me supo a gloria y sin darme cuenta saque los cigarros y me puse uno en la boca. Estaba a punto de encenderlo cuando mi vecino detuvo mi mano y me dijo con una sonrisa – Un poquito nervioso, eh! Yo le conteste que solo un poco y que era la culpa de la película. Él se rió y continuamos platicando un rato.

Una hora antes de llegar a Tokio, se encendió el anuncio de abrocharse los cinturones de seguridad y se oye el anuncio del capitán, el cual no lo recuerdo exactamente, pero fue más o menos así – Estimados pasajeros como se informó en el despegue hay un tifón cercano a la ciudad de Tokio… (¡Eh! Cuando dijeron eso, nadie me informo, entonces para que venimos)… trataremos de aterrizar antes de que el huracán llegue a Narita…(Ehh! ¿y si llega antes que nosotros?, ¡sabía que el seguro era importante!, ah! Pero vuelve la mula al trigo)… en caso de que no podamos aterrizar, nos desviaremos a un aeropuerto cercano… (Si claro, aun que preferiría que mis restos se quedaran en el mar, sería menos dramático)… por favor manténganse en sus lugares con los cinturones abrochados.

Poco tiempo después comenzó el espectáculo. Honestamente no sé qué tan fuerte fue pero mi vecino cerro los ojos y estaba aferrado a los descansabrazos (¡Claro! ¿Y yo de donde me agarro?). La verdad ya no sabía que esperar cuando pensé ver a las azafatas, ellas siempre son buena referencia. Me asome por el pasillo y vi a dos azafatas, una japonesa y otra americana. Las dos estaban aferradas al asiento como mi vecino y la japonesa tenia lágrimas en los ojos. A la fecha me arrepiento de haber volteado a ver, era mejor pensar que yo era un cobarde a darme cuenta de que las cosas estaban mal.

No sé cuánto tiempo paso después de que vi a las azafatas, pero hubo un grito bastante aterrador detrás de mí y la azafata japonesa se paró corriendo para ver qué pasaba.

Leave a Reply

CommentLuv Enabled