No sabia que hacer, nunca creí ser cleptómano y la verdad fue mal momento para descubrirlo. La única explicación que me podía dar es que por inercia lo había metido en mi bolsa en lugar del ponerlo en el carrito. ¿Había cámaras de seguridad? ¿Alguien me habría visto?  y ¿si era la ultima vez que podía comprar aquí?.

Demasiados pensamientos corrían por mi cabeza, y mi mayor preocupación era encontrar otro supermercado, si para encontrar el mas cercano me tarde una hora imaginen uno mas alejado.

Era claro que tenia que decidir algo, parado pensando no era buena señal, ademas con el simple hecho de estar ahí no llamaba la atención no llamaba mucho la atención. Decidí ir a la cajera y preguntare si me habían cobrado el encendedor, claro llevando el ticket, y en caso de que hubiera muchas preguntas iba a decir que se había atorado en uno de los artículos, buscando librar a la cajera y a mi cleptomanía de cualquier culpabilidad. Una vez que planee todo bien y encontré el articulo donde se “escondió” el encendedor, camine hacia la cajera que me había cobrado.

Por supuesto mi amiga se puso nerviosa al ver que me acercaba y la maravillosa burbuja me abrió el paso. Termino de cobrar a la persona que estaba atendiendo, que como era de esperarse salió corriendo al pagar, y me miro con cara de duda. Simplemente le entregué el recibo y el encendedor, le tocaba a ella darse cuenta de la operación. Cuidadosamente reviso el ticket y a señas me dijo “no”.

¿No?, no ¿que?, ¿no hay problema?, ¿no hace falta?, ¿no esta en el ticket?… y decidí pedir clemencia a los dioses piedad y pregunte – ¿Si cobro el encendedor?. Claramente un error de mi parte, la señorita se quedo en silencio y con los ojos bien abiertos. Si, aun que no lo crean pueden abrir un poco mas los ojos, aun que les quita su encanto.

Como era de esperarse todos, literalmente, todos habían dejando de hacer lo que estaban haciendo y simplemente nos miraban. Por lo visto ella estaba al borde de un colapso nervioso que empezó a tocar el timbre de la caja de una forma bastan desesperada, seguramente si el Titanic hubiera hecho lo mismo no se hubiera hundido.

Trate de mirar disimuladamente a mi alrededor para ver que pasaba, de un extremo venia un policía caminando y del otro salió lo que parecía un gerente y avanzo hacia nosotros a paso rápido.

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