Con las prisas únicamente pude ubicar la ciudad a donde iba en un globo terráqueo, lo único que me preocupaba era la póliza del seguro. Solo llevaba una maleta con ropa, mi cartera con unos cuantos dólares y boletos de avión. No sabía cuál era la dirección del departamento que me rentaron en el trabajo, por lo que me aferraba al papelito donde estaba el número de teléfono de la persona que me iba a recoger y se iba a encargar de mí, pero esto era hasta el pueblo al que iba, la llegada hasta la ciudad era mí responsabilidad. No hablaba nada de japonés… y yo sin saberlo estaba a la merced del destino.
Apenas tenía una semana de haber entrado a este trabajo y ya me habían asignado a trabajar en Japón. Mi nuevo puesto era Relaciones Internacionales encargado de abrir nuevos mercados y buscar productos para importar, yo estudie y trabaje toda mi vida en sistemas… pero un buen viaje es un buen viaje, y no conocía Asia. ¿Cómo podía decir que no? Necesitaban un loco y yo una aventura. Aunque nunca me espere algo así.
En el aeropuerto internacional había registrado mis maletas, mis padres me acompañaron para despedirme. Una hora antes de abordar, supe que no iba a llegar la póliza del seguro y me resigne. Me despedí de mi familia y mi padre me consoló diciendo – No te preocupes, no va a pasar nada. En cuanto la recibamos te la enviamos por mensajería. Asentí preocupado y entre a la sala de espera. La hora que estuve esperando para abordar, se me hizo eterna pensando en mi habitual mala suerte. Siempre que no tengo algo importante conmigo es cuando lo necesito, pero no podía hacer nada, excepto esperar a que me la enviaran por correo.
Fue un vuelo normal e hicimos escala en Canadá, estuvimos encerrados en la sala de espera hasta el siguiente avión. Pero los problemas comenzaron cuando despegamos de Canadá. Ya que nunca había visto la película Casablanca decidí verla y no la disfrute en lo absoluto. No hay nada más tortuoso de comer enfrente de los hambrientos, y más cuando se trata de un vicio. Estoy seguro que fueron más de cien cigarros los que se fumó Humprey Bogart en esa película…
igual si el avión hubiese aterrizado en eeuu, no hubieses salido, trankilo que a mí también me persigue la mala suerte
irun Escribio Recientemente…¡Que paren las máquinas!