No me malinterprete – dijo ella con una risa de culpabilidad – es una expresión japonesa muy utilizada como respuesta a un halago.

Ah! – conteste algo molesto, claramente lo estaba disfrutando y le dije – Veo que voy a aprender a la mala.

Es la mejor forma de hacerlo – afirmo – sígame por favor lo voy a llevar a su departamento.

Muchas gracias – le dije y la seguí hasta su carro.

Con una guía haciendo el trabajo, aun que fuera medio bromista, el camino se hizo mas fácil.

Platicamos del viaje en el camino aun que iba mirando la ciudad mas que otra cosa. Se veía tan gris como la estación. Daba la impresión de que fue modernizada hacia unos veinte años y después de eso lo único que habían hecho era mantenerla. Los puentes, los postes de luz, las construcciones y prácticamente todo era muy similar. Claro, había unas cuantas edificaciones mas modernas, con luces y diseños extravagantes, pero lo demás se veía triste y apagado.

Venia tan absorto en mis pensamientos que cuando me di cuenta Akiko ya se había bajado del carro y me estaba esperando unos metros adelante. Me baje apresurado llevando mi maleta y caminamos un poco. Me di cuenta que no cerro el carro, pero preferí no decir nada y continuamos caminando.

Dimos vuelta a la izquierda y en el primer departamento se detuvo y dijo – Bienvenido a tu nuevo hogar – mientras me daba una tarjeta. Dudoso tome la tarjeta y la deslice por la cerradura, trate de abrir y no pude. Esta al revés – me dijo sonriendo. Mire la tarjeta la puse como indicaba la flechita y esta vez abrió sin ningún problema.

La vista no era nada atractiva, era un pasillo de aproximadamente de dos metros y medio de largo por uno y medio de ancho, que terminaba en una puerta cerrada. Se veía todo muy pequeño, una mini lavadora, un mini refrigerador, una estufa eléctrica de dos quemadores y un lavaplatos. Me sentí como lo hizo Gulliver cuando llego al país de los enanos.

Suspirando entre al departamento, cuando iba a dar el segundo paso me detuvo diciéndome – Ceruya San, mire debajo de sus pies.

Había una cartulina amarilla escrita en varios idiomas, que claramente no había visto, y decía: Por favor no entre a la casa con zapatos. Sin zapatos – pensé, bueno no esta tan mal la idea andar en calcetines ayudara a limpiar el departamento y volteando le pregunte a Akiko – ¿Por qué sin zapatos?, el piso es de madera.

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