Baje del Narita express y comencé a seguir las instrucciones que me habían dado, subí una escaleras y luego otras y otras mas. Me quede impresionado con el tamaño de la estación. Había mares de personas avanzando de una lado a otro pero lo mas impresionante es que no había ningún contacto físico, aun en los embotellamientos. Empecé a entender las ciento cincuenta y cuatro disculpas, por ser tamalero en el metro.
Aun que no dudaba mucho del camino, cuando vi una caseta de información me acerque a preguntar. Me confirmaron que iba por buen camino y solo faltaban quince minutos para llegar, suficiente tiempo ya que no estaba tan lejos.
En el camino vi un par de restaurantes que se veían atractivos, pero me decidí esperar, no quería que hubiera mas accidentes. Avance diez minutos mas y al llegar al anden antes de hacer cualquier otra cosa busque a un oficial para preguntarle si era el anden adecuado. Sin hablar nada afirmo con la cabeza y amablemente me guío a la entrada del vagón que me correspondía. Le di las gracias y el se alejo haciendo una peque reverencia.
El mundo se vea muy diferente habiendo dormido y comido. El nivel de respeto y orden era impresionante. No había prisas y todo estaba muy planeado, reducían los errores al mínimo lo que tal vez hacia que todo fuera muy frío. Fue ahí cuando me percate que había algo así como una burbuja a mi alrededor.
Era extraño, a excepción de la primera vez, las veces que me disculpe habían sido mi culpa, y la gente no se aproximaba demasiado a mi. Aun en la fila había guardaban una distancia hacia mi mas de lo habitual. Decidí estirar los brazos para probar. Los japoneses se me quedaron mirando nada mas pero no toque a ninguno. Yo me limite a sonreír y me puse a buscar otro extranjero para probar la teoría pero no encontré a ninguno.
Como reloj suizo llego el tren bala y teníamos no mas de un minuto para abordar, e impresionantemente nos sobre tiempo. Aun que como era la primera estación nadie bajo todos subieron de una forma muy diligente y ordenada. Por supuesto yo fui el que arme el caos en el camino.
En el Narita express había compartimentos para guardar el equipaje y mi sorpresa fue que no había ninguno en el shinkansen. Mi maleta no era grande, ya que había enviado las demás por paquetería pero si era suficientemente grande como para ser un estorbo.