El capitán únicamente inclino ligeramente su cabeza y se levantó y se retiró. Lo siguieron los demás dejándome solo en la habitación. No se había comentado nada más sobre el café que me había tomado simplemente estaba en la sala esperando a que dieran las doce del día a ver qué pasaba.

Los minutos fueron eternos prácticamente conté cada segundo que trascurría. Me arrepentí de no haber preguntado si podía traer un libro o mi PSP para hacer la espera menos tortuosa.

Escuche la cerradura de la puerta y mire el reloj, eran apenas las once y cuarto. Entro Miroku en la sala y se alcanzaba a ver que estaba el capitán detrás de la puerta.  Me miró fijamente y hablo en inglés – Acompáñanos Ceruya San.

Si – respondí mientras me levantaba de mi asiento y caminaba hacia ellos. Miroku me cedió el paso  y el capitán seguía de pie al lado de la puerta. Incline un poco mi cabeza para saludarlo y él me ignoro. Hablo en japonés con Miroku y comenzó a avanzar por el pasillo aunque no íbamos hacia la salida sí, nos estábamos internando más en los pasillos de la estación de policía.

Subimos dos pisos y esto me dio un poco de tranquilidad, al menos para mi idea las celdas siempre están en subsuelo o en la planta baja. Cruzamos un pasillo y giramos a la derecha y el capitán entro en una puerta que estaba en el costado izquierdo, yo me detuve enfrente de la puerta y el capitán ordeno con voz profunda – ¡! (En español se pronuncia Jaire) – Que quiere decir ¡Entra!, es una de las primeras palabras en japonés que aprendí ya al llegar tarde a clases siempre me la decía el maestro Toshimori para que entrara al salón.

Entre apresurado y un tanto nervioso, ¿a que se debía tanto secreto? ¿Por qué no venía Sato ni ningún otro policía? ¿Dónde estaba mi fiel traductor Hideki?

Di dos pasos dentro de la oficina y se veía algo lujosa y especiosa (En Japón, como en todos lados, eso indica una buena posición) aunque las paredes seguían siendo blancas. En las paredes tenia había muchos reconocimientos y medallas. Como la curiosidad mato al gato me acerque y me puse a examinarlas, el capitán se veía muy delgado y bigotón mientras que ahora era un poco más regordete, sin vigote y visiblemente menos cabellos aunque. Tal vez la foto era de unos treinta años atrás.

¡Suare! (que quiere decir siéntate en japonés) – ordeno el capitán nuevamente y yo sorprendido por la orden camine hasta la primera silla que encontré y me senté.

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