Cuando estábamos abordando llego el supervisor y me entrego mi pasaporte y se despidió muy atentamente. El vuelo fue normal aun que no estuve nada tranquilo recordando el viaje anterior. Dos horas después llegamos al aeropuerto de Narita, tuvimos que pasar nuevamente migración y recogí mis maletas y salí del aeropuerto y me dirigí a las ventanillas para ver mi siguiente vuelo.
Cuando iba caminando aprendí mi primera palabra en japonés, Sin querer choque con un japonés que me dijo disculpe, la palabra se me hizo bastante fácil de decir “sumimasen” y decidí apuntarla. Después de chocar un par de veces con los japoneses me di cuenta que parecía tamalero en el metro y decidí poner atención por donde caminaban ya que todo era al revés, así como ir anotando las veces que me disculpaba. Claramente necesitaba distraerme en algo.
Mientras iba de una ventanilla a otra golpeaba a una persona o tapaba el paso con todas mis maletas. También me subía del lado incorrecto las escaleras eléctricas. Cada vez que pasaba algo me disculpaba y anotaba en mi libreta que había utilizado la palabra otra vez. Pero en ninguna de las ventanillas me daban respuesta. Algunas me decían que no era ahí o me decían que tenia que ir al aeropuerto de Tokio para hacer el cambio de boleto. En uno de los lugares me dijeron que hablara por teléfono para realizar el cambio pero después de treinta minutos de llamada no obtuve nada.
El tiempo pasaba y la única certeza era que cada cinco minutos iba a pintar una rayita en mi libreta. Trate de llamar a la agencia de viajes que hizo mis reservaciones pero estaban cerrados y tenía que esperar al lunes para poder hablar con ellos.
Transcurrieron dos horas y no había conseguido nada. Iba de un lado al otro con la maleta, tratando de comunicarme. Antes de llegar a Japón creí que la comunicación no iba a ser un problema. Pero para mi desilusión casi nadie hablaba ingles y buscaban no tener mucha comunicación con los extranjeros.
Así como el tiempo pasaba, pasaban mis ánimos y mi aspecto. Después de casi dos horas sin dormir, no me había bañado no ayudaban a mi aspecto, haciéndome perder confianza.
Eran casi las cinco de la tarde y tenia que tomar una decisión importante. Una opción era ir al aeropuerto de Tokio y tratar de arreglar el boleto y la segunda era buscar un hotel donde dormir. Por supuesto gano la segunda opción y comencé a buscar un hotel donde quedarme.