En lugar de subir por las escaleras decidí caminar por la planta baja, cuando descubrí que Japón era uno de los países más civilizado, donde la igualdad y el respeto era real, donde no hay discriminación hacia los de opiniones diferentes, un verdadero país del primer mundo.
Avance lo más rápido que pude sin correr y me detuve a un par de metros para examinar a detalle la situación. Era un cuarto con paredes de cristal, en toda la parte interior formando una herradura interna había una sillas para sentarse y en el centro había dos islas a buena altura para que estando de pie te pudieras recargar cómodamente. Por más que me lo imaginaba su diseño no podía ser más perfecto.
Lentamente me acerque a lo que parecía la entrada, la herida que tenia en mi corazón de la ultima puerta importante para mi me impedía avanzar mas rápido. A unos cuatro pasos de distancia me detuve, mi pecho no podría aguantar otra decepción tan grande. Espere unos segundos y armándome de valor di un paso y no sucedió nada. Mi corazón comenzó a latir mas rápido y mi respiración se hacia mas corta y rápida. Buscando disminuir el dolor, así como un parche que te quitas rápido, di el síguete paso y nada. Antes de desesperarme analice la puerta y vi claramente que era automática y la luz del cuarto estaba encendida, no había razón evidente para que no abriera y pensando esto di el tercer paso y tampoco ocurrió nada. Levanté lentamente mi mano temblorosa tratando de alcanzar la puerta, esta se abrió y sin esperar un segundo entre.
Apresuradamente metí mi mano en la bolsa saque mis cigarros y encendí uno. Mi corazón fue disminuyendo su velocidad y comencé a disfrutar el momento. Después de la tercera fumada comencé a fumármelo mas rápido tratando de recuperar el tiempo perdido y antes de que me terminara el cigarro ya estaba muy mareado. Lentamente avance a una de las sillas y me senté, apagué el cigarro y encendí otro.
Dure más de quince en el lugar fumando y disfrutando del paisaje. Aun qué no veía el mundo de color de rosa, si veía la luz al final del túnel. La luz empezó a desaparecer cuando veo que el administrador se acerca a la puerta y entra al cuarto. Con su cara pasiva me ve sin decir ninguna palabra.