Me tumbe en una silla y me acorde de los sándwiches y refrescos que me dio la azafata y entendí por qué lo había hecho y empecé a comérmelos. No pasaron ni quince minutos cuando vi que unos japoneses venían caminando con una bolsa con dulces y revistas. Espere a ver qué pasaba, recordaba la última vez que trate de comunicarme con algún Japonés y decidí no arriesgarme. Alguien se les acerco platicaron y vi que señalaban en la dirección opuesta a donde estaba sentado y decidí ir a ver. Podría ser una tienda abierta, tal vez un baño o una cabina de suicidios, las tres sonaban interesantes para mí y decidí investigar.
Cual Judío errante tome todas mis cosas y comencé a caminar en la dirección que habían señalado, probablemente iba demasiado lento o tal vez me veía cansado porque una de las personas del aeropuerto se me acerco y comenzó a hablar en su mal inglés – Señor no preocupar, maletas aquí seguras.
La vi con desconfianza pero decidí darle el beneficio de la duda, y en el peor de los casos si se pierden las maletas sería una preocupación menos y le conteste – Muchas gracias, ¿dónde las puedo dejar para que no estorben?
Por aquí por favor- y me enseño el lugar y deje ahí las maletas menos la pequeña donde traía mis artículos personales y los boletos de avión. Muchas Gracias – le dije mientras comenzó mi caminar cuando me dijo con una sonrisa – No tardar, una hora comer. Muchas Gracias – le conteste y me fui a la aventura.
Camine un poco y encontré una tienda abierta aunque no había nada interesante. Lo único que logre conseguir fue que me cambiaran unos dólares por yenes. No sé bien como estuvo el tipo de cambio, pero ¡ya tenía diez mil yenes! Era hora de hablar por teléfono.
Me fui a la planta baja y los teléfonos estaban al lado de la escalera. Compre la tarjeta y marque a mi familia. No recuerdo como fue la llamada fue larga y estando tal alterado me desahogué y los deje bastante preocupados. Terminando la llamada con ellos hable a la persona que me iba a recoger en el aeropuerto y le platique la situación, me dijo que no había ningún problema y que le avisara cuando llegara y ella pasaba por mí. Un poco más tranquilo emprendí el camino de regreso a mi campo de concentración.