Muy satisfecho con el servicio le di las gracias y continúe mi camino hacia la salida con una de mis cuatro preocupaciones resueltas. Solo faltaba comer, dormir y fumar.

La puerta era de cristal, se veía la calle desierta y estaba bastante obscuro haciendo brillar el letrero de Hotel con una inigualable majestad. Más animado trate de cruzar la puerta pero estaba cerrada. Incrédulo la moví un poco más deseando que solo estuviera trabada pero no abrió, la empuje un poco más fuerte y nada. Mis ojos se llenaron de lágrimas que después se convirtió en rabia.

No se dé donde apareció un policía con los brazos cruzados en el pecho (así como cuando se baila de macarena) hablándome en japonés. Yo le conteste en inglés y le preguntándole como salía para llegar al hotel. El seguía hablando japonés moviendo la cabeza y los brazos cruzados. Armándome un poco de paciencia le dije – Hotel – Y señale el hotel. Y él me contesto algo que parecía decir Hotel y volvió a cruzar sus brazos en el pecho.

Ya estaba bastante molesto y con un tono elevado de voz le preguntaba por qué y el seguía cruzando sus manos en el pecho dando negativas. Desesperado me moví agresivamente y empecé a buscar en mi maletita, él viendo esto toco su silbato. Me sentí bastante te indignado y muy despacio me quite la maleta del hombro y la acerque para que el la tomara. Se negó a recibirla y alcance a escuchar pasos apresurados que se acercaban.

Me di cuenta que se acercaban dos policías y trate de calmarme, bájela maleta y espere a que llegaran. Al acercarse a mi caminaron lentamente siendo muy precavidos, por mí no me moví y rece para que alguno de ellos hablar inglés. Uno de los policías se quedó a mi lado mientras que los otros dos se pusieron a hablar en japonés. Sin decir nada espere hasta que uno de ellos a señas me pidió mi maleta. Haciendo una mueca entre la maleta y vi como la inspeccionaba minuciosamente. Una vez que termino de revisar la maleta pregunte si alguno de ellos hablaba inglés y me contesto uno de ellos con un acento bastante malo – Un momento.

Por mi lado yo ya me sentía derrotado, la libertad estaba tan cerca de mí, una puerta de cristal era la que me separaba de ella y yo como niño que ve el aparador de una dulcería.

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