Una hora después el capitán dio el anuncio diciendo que ya estaban listos para recibirnos, en pocos minutos íbamos a poder bajar del avión. Me pidieron que diera el anuncio en español y de ahí esperar pocos minutos. En total fueron dieciocho más, a los cincuenta y tantos que llevábamos esperando, más las dos horas de vuelo a Hokkaido y la hora que tratamos de aterrizar en Narita hicieron de este vuelo uno de los más largos de mi vida.

Hasta mi vecino estaba de buen humor y muy platicón. Me conto que ya había venido a Hokkaido alguna vez y que había un buen hotel saliendo del aeropuerto, lo único que yo pensaba era en comida, cama y cigarros.

Llego el momento de bajar y se hizo de una forma bastante ordenada. Me toco mi turno de bajar avance hacia la puerta y estaba la aeromoza japonesa dirigiendo el tráfico. Al verme me pidió que la esperara y entro a la cocineta.

Segundos después salió con unas bolsas con sándwiches, refrescos y dulces. Y dando caravanas me agradeció mi apoyo. Honestamente lo último que deseaba era más comida de avión. Pero le agradecí el gesto y seguí avanzando hacia la puerta el momento de la verdad se acercaba.

Di el paso triunfal y cruce el arco de la puerta. En el momento que sentí la briza en mi cara decidí dar gracias a Dios, por que la aventura había terminado bien, aunque no trajera el seguro y cuando pise el suelo decidí hincarme y darle un beso como acción de gracias. Hubo risas, exclamaciones y comentarios. Yo tranquilamente me levante, los voltee a ver, les sonreí y continúe caminando bastante satisfecho.

Ya en tierra todo fue más tranquilo, la fila de migración fue medio larga pero iba fluyendo, al llegar mi turno no hubo ningún problema, recogí mi equipaje y me dispuse a irme al famoso hotel a descansar y pensando que al día siguiente veía que hacía para regresar a Narita.

Cuando iba llegando a la salida me intercepto una japonesa, que hablaba medio mal el inglés, y me pidió ver mi boleto de avión y me pregunto si tenía vuelo en conexión y enseñe los dos boletos. Me dijo que al día siguiente a las nueve de la mañana salía el vuelo para Narita y en el aeropuerto  me ayudarían para cambiar mi vuelo.

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