Me desabroche el cinturón, me levante y la acompañe hasta la puerta del avión. Me sentí como niño llevado a fuerza a la escuela en el primer día de clase y no soltó mi mano. Caminamos hasta donde estaban las otras azafatas.

Usted habla español – Me pregunto una de ellas mientras veía con dureza a la azafata que no había soltado mi mano. En ese instante la japonesa se dio cuenta, soltó mi mano y dio un paso para atrás.

Así es – conteste – ¿en qué les puedo servir?

Tenemos unos pasajeros que no hablan inglés y están bastante desconcertados, y nos gustaría que usted les explicara la situación.

No puede evitar sonreír y me vieron extrañadas. Espero que esto no le genere ningún problema – Agrego dudosa.

¡Claro que no! -  simplemente no sé qué decirles.

Vamos a decir el anuncio en inglés y en japonés y le pido que usted lo traduzca al español. ¿Está bien?

Yo asentí y comenzaron a dar el anuncio primero en inglés y luego en japonés. Terminando me pasaron el micrófono y comencé a dar el anuncio en español.

Estimados pasajeros (¡órale! Tengo voz de anunciador en la central camionera) – me separe el micrófono y me aclare la garganta – nos informa el capitán (por lo visto es culpa del micrófono) – Comencé a cambiar el micrófono de posición para ver si mejoraba un poco mi voz aguardentosa – que el aeropuerto no está listo aun para recibirnos, ya que el aeropuerto estaba cerrado – me di cuenta que no podía mejorar mi voz por lo que decidí continuar de forma normal – por lo que tendremos que esperar unos minutos más para poder desembarcar. Agradecemos su comprensión.

Terminando el anuncio supe que cualquier carrera en radio o televisión no sería factible. Aunque gran parte de la culpa se la llevo el micrófono o al menos eso decidí yo.

Después me guiaron al piso de arriba del avión para hacer una sesión de preguntas y respuestas con los mexicanos que no hablaban inglés. La verdad lo esperaba peor, pero con el anuncio los ánimos estaban más calmados. Al parecer el problema eran las personas de las aduanas,  porque los viajes internacionales eran limitados.

Regrese a mi lugar y trate de descansar un rato, pero cada cinco o diez minutos bajaba alguien a preguntarme si sabía algo nuevo lo que hizo el descanso imposible.

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