Cada minuto que pasaba la tensión aumentaba. Las azafatas abrieron las puertas del avión para dejar que entrara aire fresco, los motores estaba apagados, volteé a ver a mi vecino y le comente – Quince minutos más de vuelo y nos hubiéramos quedado sin gasolina, mira ya hasta abrieron las puertas y los motores están apagados. Me volteo a ver con una cara de indignado y bastante molesto me contesto: Eso no es cierto, no hay razón para que nos expusieran a semejante peligro. Sonreí irónicamente al escuchar su respuesta mientras le decía – ¡Claro! Así como el tifón y los intentos fallidos de aterrizaje, las azafatas llorando, bajamos a un aeropuerto a mil quilómetros de distancia… todo estaba muy controlado ¿verdad? Por segunda vez sentí su mirada helada y opte por la prudencia de no comentar nada más, pero era bastante palpable la tensión en todo el avión.

Una señora regordeta paso a mi lado con una cara de furia, comenzó a hablar con la azafata japonesa que atendía nuestra fila. Aunque no se oía bien lo que decía no era difícil adivinar de qué se trataba. La azafata solo se quedaba viendo y no decía nada, cuando llego la azafata americana al rescate hablaron algo entre ellas y muy molesta la señora iba regresando a su lugar mientras maldecía. Reconocí que hablaba español y le pregunte que le habían dicho y molesta me contesto – ¡Nada! Nadie de la tripulación habla español y no sabemos qué está pasando. Le dije que tampoco nosotros sabíamos nada, que no habían dado ningún anuncio. Me pidió que en el momento que supiera si les podía informar que se encontraban en el piso de arriba y se marchó.

Me acomode nuevamente en mi asiento y cerré los ojos para tratar de descansar un poco en lo que se decidían avisarnos que era lo que estaba pasando. Debí de quedarme dormido por que sentí que alguien apretó mi brazo y me desperté exaltado.

Disculpe no fue mi intensión espantarlo – me dijo la azafata japonesa cuando la voltee a ver.

No se preocupe – le conteste mientras me acomodaba en el asiento- ¿qué paso?

Lo vi platicando con una señora hace rato y me pregunto si usted habla español – me pregunto.

Si claro – le conteste mientras me tallaba los ojos.

¿Puede venir conmigo por favor? – me pregunto y sin esperar mi respuesta me empezó a jalar delicadamente del brazo.

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