¿Como alíen? – dije confuso.
Así es – confirmo ella.
Debe de haber una confusión – dije irónicamente – Yo estoy debidamente registrado como un ciudadano del imperio galáctico y la tenencia de mi nave espacial esta pagada hasta el año treinta y cuatro mil ochocientos veintisiete del N.E.G. (Nuevo imperio Galáctico), aun quedan aproximadamente tres años terrestres para la renovación y todo eso lo presente en migración.
Mariko se quedo sin habla, claramente estaba sorprendida por que tenia sus ojos bien abiertos lo único que alcanzo a decir fue – ¿Enserio?
Pues tu me dijiste que me registrara como alíen – conteste yo – generalmente son identificados como seres verdes, de corta estatura y viajan en unas naves redondas.
Soltó una carcajada bastante ruidosa, lo que me recordó que nunca había oído a un japonés reirse así.
No – dijo una vez que se pudo contener – a lo que me refería es que te registraras como extranjero. Cuando una persona se establece en Japón para vivir en un periodo largo como es tu caso, es necesario que vallan al ayuntamiento y notifique al gobierno.
!Ah! – conteste – creí que me habías visto tan guapo que creíste que era de otro mundo.
Esta vez la riza fue mas sonora que la anterior y me contesto con una sonrisa pintoresca – Es probable que si.
Por si las dudas decidí cambiar el tema platicamos un rato mas sobre mi registro de “alíen” y de ahí me dirigí a mi casa ya con hambre. En el camino de regreso me encontré con un restaurante de comida rápida Japonesa llamado Yoshinoya y decidí probarlo. Entre al lugar y me sorprendió que todos los empleados gritaron algo en Japonés al momento que yo cruce la puerta y no supe que hacer, note que después de eso todos regresaron a sus labores y me ignoraron. Espere unos instantes mas y al ver que nadie me ponía atención, claro abiertamente ya que sus ojitos escurridizos me inspeccionaban a detalle pero aun así decidí entrar.
Me senté en un lugar donde no hubiera nadie a mi alrededor, para así evitar la pena que mi vecino se levantara y se fuera a otro asiento. Mire a mi alrededor y me di cuenta que todos estaban comiendo solos. Su forma de comer era muy extraña, levantaban el tazón a la altura de la barbilla y con los palillos se aventaban la comida a la boca a una velocidad impresionante prácticamente ni masticaban.