De haber sido caricatura únicamente se hubiera visto el humo y un hoyo en la pared con la silueta de Mariko.
¡Juego, set y partido! No pude evitar esbozar la sonrisa de una victoria firme y contundente, era muy claro que ella hacia las cosas bromeando pero cuando ya se sintió en peligro no pudo contener su miedo y reacciono en defensa propia.
Gire y levante mi chamarra para mostrarle que no cargaba ningún armamento. En ese momento salió una mujer ya de edad avanzada y comenzó a hablar con Mariko en japonés. Mariko trato de regresar a su compostura habitual, aun que seguía agitada por el susto. Después de hablar con ella se dirigió a mi y estiro la mano para saludarme.
Mucho gusto – dijo en un mal ingles, claro para no perder la costumbre – Yo ser Yamaguchi, Directora de escuela.
Mucho gusto – conteste apresurado – soy Celhya.
Ah! – dijo ella con un tono de halago – Bienvenido, supe tuvo problema en vuelo (Al parecer soy la noticia del pueblo) Espero todo estar bien.
Si muchas gracias – dije mientras trataba de parecer inocente.
Regresar a oficina – se despidió – pero luego querer hablar.
Claro que si señora, yo la busco terminando las clases (¡Clases! Ya era bastante tarde y yo aun sin entrar) – dije mientras me despedía de ella.
Ella se retiro y Mariko regreso a su silla. Una vez que estuvo enfrente de mi le saque la lengua en forma de burla y ella me regreso la expresión con enojo. No pude evitar reirme y ella simplemente sonrío.
Muy bien – dijo ella – Vamos a comenzar con el tema de la escuela.
Me estuvo explicando unos momentos de cómo funcionaba la escuela, de lo que podía y no podía hacer, del tipo de visa que tenia, los horarios y prácticamente de todo lo que lo que tenia que saber. Diez minutos antes de las dos sonó el timbre de receso y así como una estampida bajo un centenar de Chinos corriendo y haciendo ruido, parecían niños de primaria. Se me quedaban viendo con cara de sorpresa, peor que el niño en el supermercado y trataban de platicar conmigo y hacer chistes. Como era de esperarse no entendí absolutamente nada y estuve diez minutos como payaso en rodeo hasta que sonó el timbre nuevamente y las maestras arrearon a los muchachos de regreso a sus salones.